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Reflexión sobre el Evangelio

Si nos quedamos sin aceite, la lámpara se apaga

La divina proporción

12 noviembre 2017

El Evangelio de hoy domingo es especialmente adecuado para comentar la situación de la Iglesia actual. Hace un par de días leí un post sobre el tema, escrito por un teólogo e gran difusión contemporánea. En este texto diagnosticaba que nuestra fe está “gastada”, en “antigua”, necesita cambiar para atraer a nuevas personas. Releyendo este texto se puede uno dar cuenta de hasta donde ha penetrado el marketing dentro de la Iglesia. Tirar lo viejo y ofrecer novedades que cambiaremos cuando ya no nos valen. Este teólogo nos decía que lo importante es la fe, no en lo que se tenga. Traducido, lo importante es la apariencia y la emotividad que depositamos en ella.

Leamos lo que nos dice San Agustín sobre este episodio evangélico:

Las diez vírgenes querían ir todas a recibir al Esposo. ¿Qué significa recibir al esposo? Es ir a su encuentro de todo corazón, vivir esperándolo. Pero tardó en venir, y todas se durmieron... ¿Qué significan estas palabras? Hay un sueño al que nadie puede escaparse. Os acordáis de las palabras del apóstol Pablo: “No queremos, hermanos, que ignoréis la suerte de los que duermen el sueño de la muerte” (1Tim 2,12).... Todas se durmieron. ¿Pensáis que la virgen prudente puede escapar de la muerte? No, tanto las prudentes como las necias deben pasar por el sueño de la muerte...

 “A medianoche se oyó un grito: Ya está ahí el esposo, salid a su encuentro” (Mt 25,6). ¿Qué decir? Es el momento que nadie piensa, que nadie espera... Vendrá en el momento en que menos pensáis. ¿Por qué viene de este modo? Porque, dice él, “No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha fijado con su poder.” (Hch 1,7) “El día del Señor”, dice Pablo, “vendrá como un ladrón en plena noche.” (1Tim 5,2) Vigilad, pues, durante la noche para que no os sorprenda el ladrón. Porque, queriendo o sin querer, el sueño de la muerte llegará necesariamente.
(San Agustín. Sermón 93)

Como bien indica San Agustín, todas las vírgenes se durmieron, pero sólo las que tenían aceite fueron reconocidas por el esposo. Quienes dan más importancia a la reunión social que a la llegada del esposo, evidentemente no pensarán en la necesidad de disponer de aceite suficiente. A estas vírgenes necias les da igual quien sea el esposo y la razón de su llegada. Para ellas lo importante es estar allí, emocionarse entre ellas y vivir el show que les ofrece la situación. Pero cuando llega el esposo se dan cuenta que algo no cuadra y ven como sus amigas prudentes van más allá de las apariencias sociales y las emociones vividas. Eso se llama trascendencia. Ver y vivir más allá de los aparente y socialmente bien visto. Ver a mano de Dios en todo lo que nos rodea y vivir desde la sacralidad este convencimiento.

La trascendencia casi ha desaparecido dentro de las estructuras de iglesia como institución humana. Para estas estructuras, lo importante es conservar el “Status Quo” secular que les aporta beneficios personales y sociales. Los católicos reconocemos a Cristo como esposo de la parábola. Los eclesio-estructuralistas, ponen a las estructuras como objetivo de su vivencia y pervivencia. ¿Son realmente tan importantes las estructuras? ¿Son tan importante la pléyade de segundos salvadores de los que disponemos? ¿Son tan importantes las formas sociales y tan secundaria la Verdad que nos ha revelado Dios? En la Iglesia actual existe una lucha terrible para imponernos unos a otros, formas, apariencias y marketing social.

Charlaba hace unos días de estos temas con un sacerdotes, que me preguntaba por “la solución”. Le comenté que yo no tengo capacidad de dar soluciones. A lo sumo, soy capaz de ver los problemas y entender determinados aspectos de la dinámica eclesial en la que estoy inmerso. No se trata de crear nuevas apariencias que sirvan para vender. Tampoco conseguimos nada encerrándonos en apariencias que ya no tienen significado para el 90% de los católicos. Tampoco llegaremos muy lejos cambiando la aplicación de la doctrina que nos da coherencia. Tampoco llegaremos muy lejos amarrándonos a hermenéuticas que nadie vive actualmente. Entonces ¿Cuál es la solución?

En otros posts he señalado mi humilde certeza personal. La única solución que encuentro es Cristo. Él es Camino, Verdad y Vida. No confío nada en unos segundos salvadores u otros. Tampoco confío en hermenéuticas disruptivas que nos hacen depender de neo-revelaciones humanas contemporáneas. La Verdad está escrita en el Evangelio. ¿Cómo interpretarla? Tenemos la Tradición Apostólica. ¿Cómo aplicarla y vivirla? Tenemos el magisterio secular de la Iglesia. Si pensamos que todo esto hay que tirarlo por la borda con el objetivo de crear un producto vendible que nos emocione y haga que la sociedad nos aplauda, no llegaremos muy lejos.
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Comentarios

Néstor Mora
22/11/2017
Estimado Antonio....
Yo si soy capaz de ven en esta parábola toda la esencia del Mensaje Cristiano. Mensaje que nos dice que Dios es Amor, no ´buenismo cómplice´. Dios es Amor, es decir, Caridad y Justicia unidas en total armonía. Caridad y Justicia que son imposibles de conciliar para el ser humano, ya que sólo Dios es omnipotente. Si la Justicia nos molesta, nos sentimos mal al ver que las doncellas sensatas no dan aceite a las imprudentes. Pero la verdadera caridad evidencia la Verdad y la Verdad hace necesario evidenciar la imprudencia. Tampoco veo que la Justicia de Cristo conlleve que venga con el látigo a flagelar a quienes no cumplen la Voluntad de Dios. El castigo siempre está unido al pecado y se padece porque hacemos justo lo que nos destroza interiormente. Igual pasa cuando despreciamos la ley de la gravedad y terminamos con un hueso roto o algo peor. Las doncellas sensatas sabían que actuar engañando la novio, sólo era procurar más dolor a todos. Amor no es complicidad buenista. Si lo hubieran hecho, El Novio llegaría más tarde y todas quedarían fuera del banquete. ¿Por qué? para que aprendieran de su propia imprudencia. Gracias por comentar! :)
Antonio Saavedra
21/11/2017
¿Vírgenes castigadas por imprevisoras?.

En los comentarios a este texto se suele coincidir en la prudencia de unas y la necedad de las otras, que son castigadas.
Pero echo en falta el detalle más cristiano: el de la caridad, el amor, la generosidad, incluso con el riesgo de que las generosas se quedaran también sin aceite.
¿Cree algún cristiano que Jesús castigaría a las que compartieran su aceite con las imprevisoras?
Tb creo que sería útil que se explicara el papel de las vírgenes en la boda para evitar sospechas
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Néstor Mora Núñez
Soy católico, casado con tres hijos en el mundo. Nací en 1965 en San José (Costa Rica) de padre costarricense y madre española, por lo que me enorgullezco de ser español de América. Estudié en colegio Santa Catalina de Sena en Costa Rica y San Felipe Neri en Cádiz (España). Mi formación universitaria parte de la ingeniería electrónica, pero ha ido evolucionando hacia el campo de los computadores, conocimiento y nuevas tecnologías de la información.

En el plano de servicio a la Iglesia me ocupo del diseño y mantenimiento de diversas webs de asociaciones católicas y la web de mi parroquia.

Néstor Mora Núñez, es autor, editor y responsable del Blog La divina proporción, alojado en el espacio web de www.religionenlibertad.com
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