Guzmán Carriquiry Lecour (Montevideo, Uruguay, 1944), es uno de los laicos católicos más relevantes de nuestro tiempo, en cuanto subsecretario del Consejo Pontificio para los Laicos por designación de San Juan Pablo II (primer laico en la historia para este cargo en un dicasterio vaticano) y confirmación de Benedicto XVI, quien también le designó secretario de la Comisión Pontificia para América Latina.

Ha participado como "auditor" en cuatro asambleas del sínodo mundial de obispos (sobre la evangelización en el mundo contemporáneo, sobre la familia, sobre los laicos y sobre la Iglesia en América) y en delegaciones oficiales del Vaticano en la ONU y en más de cincuenta congresos internacionales, y por designación papal fue perito en tres conferencias generales del episcopado latinoamericano: Puebla en 1979, Santo Domingo en 1992 y Aparecida en 2007. En 1994 recibió la máxima condecoración vaticana como Cavaliere di Gran Croce dell´Ordine di San Gregorio Magno.


Guzmán Carriquiri, con el entonces arzobispo de Buenos Aires.

Guzmán Carriquiry respondio a unas preguntas de ReL a su paso por Filadelfia a finales de agosto para participar en una convención internacional de periodistas, comentando las claves de la elección de Francisco y cuál es la mayor preocupación del Papa en la vida de la Iglesia.


-Conozco al Papa hace 43 años. Nos llamó por teléfono a la hora de ser elegido Papa: ‘Hola, hola’, nos dijo, y nosotros: ’Padre, padre’. El Papa Francisco ha sufrido una gran evolución, nunca sonreía, encontraba la comunicación difícil y tampoco le gustaba viajar. Ahora viaja mucho. Pienso que la Providencia de Dios hizo que la renuncia de Benedicto XVI abriera el camino al pontificado de Jorge Mario Bergoglio. Con esto quiero decir que no se explica el pontificado de Jorge Mario Bergoglio poniendo entre paréntesis el hecho traumático y dramático de la renuncia del Papa Benedicto.


-La renuncia efectivamente estuvo en el corazón y la inteligencia de todos los cardenales que participaron en el cónclave. Y dijeron: ‘Si el papa renuncia porque siente su incapacidad no solo física sino también espiritual para seguir haciendo lo que debe, entonces’, pensaron, ‘¿a quién tenemos que elegir?’. Empezaron a elaborar un identikit. Y en el identikit se necesitaba un hombre de una profunda disciplina de oración que le hubiera generado -templado- una personalidad muy fuerte, muy libre y muy determinada. Personalmente pienso, además, que la renuncia de Benedicto, para muchos, era considerada como el resultado de un modo de ser muy italiano de la curia… El ambiente de la curia romana no admitía por tanto otro Papa italiano como en el pasado, querían a alguien de fuera. Y fuera de Italia, de Europa, no había otro que Bergoglio.

-La renuncia de Benedicto para mí fue un misterio. Un misterio... Podemos buscar todos los elementos y las cosas, pero está en el misterio de la relación de él con Dios. Y por supuesto que sí lo ponderó. Pero esa decisión solo se acuña en el diálogo personal del Papa con Dios, sea el caso de San Juan Pablo II sea el de Benedicto XVI. Por eso digo que hay un elemento de misterio que nuestras categorías de interpretación no llegan a abarcar.

-¿Sabe cuál es para el Papa Francisco la amenaza mayor hoy día? Es el conformismo mundano entre los cristianos. La incoherencia que vivimos. El modo de no vivir nuestra fe en todas sus dimensiones.