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La objeci贸n, un derecho en las sociedades libres

Y nunca tendr谩 una ideolog铆a, un partido, o un pa铆s, el monopolio del desarrollo de las libertades inherente a la persona, porque la dignidad humana no puede ser completamente expresada por una visi贸n singular del mundo. Es una tarea de com煤n descubrimiento de los individuos, las naciones y los pueblos.
Cardenal Agust铆n Garc铆a-Gasco

La Declaraci贸n Universal de los Derechos Humanos quiso brindar a toda la humanidad, a todas las naciones y personas, la posibilidad de un orden en paz y desarrollo, en el que la verdadera dignidad corresponde a la persona humana, su dignidad y derechos, y en el que las dem谩s comunidades, desde la familia hasta la naci贸n y la sociedad internacional, se encuentran a su servicio.

La Iglesia anima a todos a conocer y poner en pr谩ctica esta Declaraci贸n, que es un medio eficaz para fomentar la paz. De una manera expresa, el tercer p谩rrafo del Pre谩mbulo considera 鈥渆sencial que los derechos humanos sean protegidos por un estado de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebeli贸n contra la tiran铆a y la opresi贸n鈥. Se recoge aqu铆 uno de los nervios de la cultura de los derechos humanos: la lucha por las libertades inherente a la dignidad humana.

Nunca estar谩 del todo concluida esta lucha, porque siempre encontraremos personas que necesitan apoyo para ver defendida su dignidad humana. Una sociedad tecnol贸gicamente desarrollada tiene que tener particular atenci贸n a los que pueden ser arrollados por un progreso que les excluye: los concebidos prenatales, los enfermos y ancianos, las familias que tienen que emigrar en situaciones dram谩ticas, los ni帽os sin familia que viven en las calles de las ciudades del tercer mundo, las mujeres y los ni帽os y ni帽as v铆ctimas de la violencia dom茅stica o del tr谩fico sexual, las personas y las familias que no pueden expresar libremente su fe, los amenazados por organizaciones terroristas鈥

Y nunca tendr谩 una ideolog铆a, un partido, o un pa铆s, el monopolio del desarrollo de las libertades inherente a la persona, porque la dignidad humana no puede ser completamente expresada por una visi贸n singular del mundo. Es una tarea de com煤n descubrimiento de los individuos, las naciones y los pueblos. La Iglesia cat贸lica ejerce tambi茅n con plena convicci贸n este papel de servidora de la dignidad humana, en la que encuentra la imagen de su Se帽or, cuya encarnaci贸n ha revelado a la humanidad y a cada persona la fuente 煤ltima de su dignidad.

La verdadera soberan铆a en la dignidad humana llama a la autoridad pol铆tica a dejarse guiar por la ley moral, fundamento de los derechos humanos. De este orden proceden la fuerza que la autoridad tiene para obligar y su legitimidad. La autoridad debe reconocer, respetar y promover los valores humanos y morales esenciales, que derivan de la verdad misma del ser humano, y que expresan y tutelan la dignidad de la persona.

Son valores que no se fundan en mayor铆as de opini贸n provisionales y mudables. Deben ser reconocidos, respetados y promovidos como elementos de una ley moral objetiva, ley natural inscrita en el coraz贸n del ser humano, y punto de referencia normativo para la ley civil. La autoridad debe emitir leyes justas, conformes a la dignidad de la persona humana y a los dict谩menes de la recta raz贸n. Cuando una ley est谩 en contraste con la raz贸n se convierte en una fuente de tensiones y germen de violencias.

La doctrina de la Iglesia afirma sin titubeos que el ciudadano no est谩 obligado en conciencia a seguir las prescripciones de las autoridades civiles si 茅stas son contrarias a las exigencias del orden moral, a los derechos fundamentales de las personas o a las ense帽anzas del Evangelio. Las leyes injustas colocan a la persona moralmente recta ante dram谩ticos problemas de conciencia: cuando son llamados a colaborar en acciones moralmente il铆citas, tienen obligaci贸n de negarse. Este deber moral se traduce en el derecho humano elemental a la objeci贸n de conciencia, que la misma ley civil debe reconocer y proteger. Las naciones y gobiernos que protegen y tutelan la objeci贸n de conciencia otorgan mayor grado de libertad a sus ciudadanos. Es un signo de madurez democr谩tica frente a las tentaciones totalitarias que tambi茅n pueden aparecer camufladas en todo sistema pol铆tico, incluido el de las democracias parlamentarias. La objeci贸n de conciencia es un derecho de cada ciudadano en las sociedades libres.

Las experiencias vividas en el siglo XX y en los albores del XXI reiteran la sabidur铆a de estos principios. La Iglesia siempre estar谩 dispuesta a encontrarse y a caminar con aquellos que quieran promover la dignidad humana por la raz贸n, no por la fuerza.

Con mi bendici贸n y afecto,

+ Agust铆n Garc铆a-Gasco, cardenal arzobispo de Valencia

Comentarios de los lectores
Enviado por Cristina Falkenberg el 25 Julio 2008 - 3:22pm.

En efecto: estamos ante una de esas cosas en las cuales el texto constitucional fue tremenda e inexplicablemente espec铆fico, habiendo quedado obsoleta la actual redacci贸n del art 30.2. Lo que parece es sin embargo que hay pocas ganas de reformarlo, pese a lo que ayudar铆a a clarificar ciertas cosas. Ninguno de los dos grandes partidos, unos mandamases pesad铆simos tienen ning煤n inter茅s. Los ciudadanos les importan un bledo: lo que quieren es mandar, mandar y mandar... 隆qu茅 pesados!

Enviado por juvenal el 25 Julio 2008 - 10:35am.

La Iglesia no sabe donde se est谩 metiendo al convertirse en m谩xima defensora de la Objeci贸n de Conciencia, creo que no se da cuenta que al final se le volver谩 en contra de sus propios intereses.
驴Apoyar谩 a los que se sienten heridos en su conciencia por la presencia de s铆mbolos religiosos en lugares p煤blicos?, 驴apoyar谩 a los que se niegen a participar en actos p煤blicos que incluyan ceremonia religiosa?,...
En el 谩mbito de la educaci贸n:
- 驴Apoyar谩 a las no quieran estudiar Biolog铆a o Geolog铆a si en ellas se niega la Creaci贸n?
- 驴Apoyar谩 a los que en Filosof铆a se nieguen a dar el marxismo?
-Y, para acabar, 驴apoyar谩 a las familias musulmanas que se nieguen a que un hombre de clase a sus hijas o que hagan educaci贸n f铆sica con la ropa adecuada?

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